jueves, 18 de octubre de 2012

CONTRATAPA. O votan a Romney o...


Por Juan Gelman 

Mitt Romney no sólo es candidato a presidente del Partido Republicano: lo es –y mucho más– de Wall Street, el preferido de las grandes empresas y de los billonarios del 1 por ciento. La Koch Industries, una multinacional de Kansas con las subsidiarias del caso, la segunda después de Cargill según Forbes y con un ingreso anual de 98.000 millones de dólares, quiere mucho a Mitt. Le ha proporcionado una robusta financiación para la campaña electoral que hasta el mes de julio se estimaba en 400 millones de dólares (www.policynic.com, julio 2012).

El The New York Post registra que los hermanos Charles y David Koch, dueños de la empresa, suelen organizar comidas a 50.000 dólares el cubierto para ayudar a Romney. Hay razones: el plan energético del candidato republicano favorece a las megaindustrias del petróleo, el gas natural y el carbón como la Koch, promete acabar con la dependencia de EE.UU. en la materia hacia el 2020 y no contiene mención alguna de las debidas regulaciones atinentes al cambio climático (www.huffingtonpost, 24-8-12). Los Koch, muy de acuerdo: desde hace años vienen invirtiendo millones para convencer a la opinión pública estadounidense de que el calentamiento global nada tiene que ver con el uso de materias fósiles.

Romney insiste en que su política fiscal favorecerá a la clase media, propone “no recortar los impuestos a los más ricos” –como si falta hiciera después de W. Bush– y sugiere derogar por completo el impuesto a los bienes inmuebles, lo cual ahorraría a Charles y a David el pago de 8700 millones de dólares cada uno hasta el fin de sus vidas (//prcs.org, 6-1-12). Es indicativo que las donaciones de 1500 dólares o menos predominen en las recaudaciones de campaña de Obama y lo contrario ocurra en la de su rival.

Charles y David no se quedan en el mero lugar de donantes. Han enviado a cada uno de sus 50.000 empleados un paquete de documentos que profetizan un negro futuro para ellos si votan por Obama: “No nos quedará otra posibilidad que reducir la compañía”, anuncia una carta de Dave Robertson, CEO de Koch Industries.

Mitt Romney en persona alentó esta práctica en una conferencia dictada ante la Federación Nacional de Empresas Independientes: “Espero –dijo– que ustedes dejen muy en claro a sus empleados lo que consideran que es mejor para sus compañías y, en consecuencia, para el empleo de ellos y su futuro en las próximas elecciones” (www.classwarfareexists.com, 10-6-12). No deja de ser una clara amenaza en tiempos de una crisis económica que deja en las calles de EE.UU. a más de ocho millones de trabajadores.

Los Koch no están solos. Arthur Allen, director ejecutivo de la empresa electrónica ASG Software Solutions, envió un e-mail a sus empleados que indicaba en el subject: “¿Tendrá la elección presidencial en nuestro país un impacto directo en su empleo futuro en ASG? Por favor, lea más abajo” (www.theblaze.com, 14-10-12). El lector del correo verá con qué oscura tinta están escritas las predicciones de Mr. Allen. Richard Lacks, presidente y CEO de la compañía que lleva su nombre, dedicada a la afinación de nuevas tecnologías, advirtió a sus empleados que les rebajaría los sueldos si gana Obama (www.mlive.com, 2-10-12). No pasa un día sin que trascienda la misma información de otras multinacionales.

Esta clase de intimidación no es nueva en EE.UU. Thomas Ferguson, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Massachusetts, señaló que “en el siglo XIX la votación era con frecuencia pública, los dueños de una fábrica solían marchar a las urnas con sus trabajadores para votar en bloque... los empleadores utilizaban todo tipo de tácticas para intimidar a sus empleados. En 1896, por ejemplo, los dueños de las fábricas ponían carteles avisando que cerrarían sus negocios si el republicano William McKinley perdía ante William Jennings Bryan”, el candidato demócrata (www.alternet.org, 16-10-12). Hace más de un siglo, en fin, ¿pero no estábamos acaso en el XXI?

El acoso o intimidación a los trabajadores “es una forma de discriminación laboral que viola el capítulo VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, la ley de discriminación laboral por razones de edad de 1967 (ADEA) y la ley de estadounidenses discapacitados de 1990 (ADA)”, ha señalado la gubernamental Comisión Estadounidense de Igualdad de Oportunidades de Empleo (www.eeoc.gov), pero, curiosamente, no se considera delito la incitación de un empresario a su personal para que vote por tal o cual candidato, so pena de padecer alguna represalia, el despido o la reducción del salario.

Oscar Wilde dijo algunas vez, con su habitual ironía, que el trabajo es el refugio de quienes no tienen nada mejor que hacer. Sólo que, salvo escribir, Wilde nunca trabajó.


Tomado de aquí.










 

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